GLOBALIZAR LA SOLIDARIDAD: MÁS ÉTICA FRENTE A LA INCERTIDUMBRE

La lectura de este ensayo publicado por la Editorial Ultima Linea ha sido un verdadero placer, ya que en sus escasas 230 paginas el autor repasa 2.500 anos de filosofía, incidiendo muy especialmente en uno de sus grandes interrogantes: ¿Quién soy/somos? ¿Qué nos hace personas?
El libro termina precisamente con una defensa del personalismo y también de la deontología frente a una visión estrictamente utilitarista (o consecuencialista) de la vida y, por ende, de las relaciones internacionales. En contra del parecer de Compte-Sponville que considera que el capitalismo, las empresas y el resto de organizaciones no pueden ser "morales" porque son entes abstractos (personas jurídicas) y la ética es exclusiva de las personas (físicas), Gabriel parte de la base de que empresas, gobiernos y organismos internacionales no funcionan autónomamente y al estar integrados y regidos por personas libres y responsables, son actores éticos de primer nivel.
En este sentido GLOBALIZAR LA SOLIDARIDAD es un ensayo de filosofía política, pero también de filosofía moral, pues el autor lo que justamente postula es que las relaciones internacionales no pueden estar desvinculadas de la ética, como a menudo ha sucedido y sucede con la llamada 'Realpolitik'.
La obra se divide en cuatro partes, cada una de las cuales allana o abona el camino a la siguiente: la primera se centra en el universalismo y la necesidad de unas relaciones internacionales basadas en la ética, la segunda enfocada en la cooperación al desarrollo y su transformación durante las ultimas décadas, la tercera - a mi juicio tan original como interesante - orientada a reivindicar el importante papel de la religión en la construcción de paz y finalmente una cuarta parte a modo de conclusión en donde el autor reivindica la necesidad de un internacionalismo personalista en donde la persona se anteponga a cualquier otro criterio de racionalidad económica, tecnológica o política.
Uno de los muchos valores de la obra es la capacidad de síntesis de numerosos conceptos e ideas complejas y es aquí donde se percibe claramente la formación filosófica y teológica del autor, si bien tal virtud no mengua la profundidad de su discurso - embebido de humanismo cristiano - que en algún momento puede abrumar al lector con un menor bagaje filosófico.
Coincido con Gabriel en lo fundamental de su reflexión, quizás por haber tenido la suerte de compartir con el y otros amigos de INNOVAETICA numerosas tertulias y foros en las que abordamos estos temas. Sin embargo, ambos nos movemos en la orbita del 'idealismo sin ilusiones' de Weygel, pues somos conscientes de que vivimos el mejor momento de la historia de la humanidad - Pinker lo explica muy bien en su obra 'En defensa de la Ilustración' -, sin que ello sea óbice para reconocer que el progreso técnico quizás ha avanzado a un ritmo mas rápido que el progreso moral.
Gabriel no puede ocultar su apuesta por seguir potenciando el ecumenismo y el dialogo inter religioso, pues es consciente de la importancia de las creencias religiosas para la inmensa mayoría de la humanidad y, por lo tanto, reivindica que vuelvan a tener un rol activo en las relaciones internacionales, como un stakeholder relevante en esa ética dialógica que reivindica.
He disfrutado enormemente con la lectura de este ensayo, no solo por estar muy bien escrito por alguien a quien considero casi un hermano, sino sobre todo por esa esperanzadora confianza antropológica que muestra - y comparto - en que somos 'seres para el encuentro' y dotados de una dignidad que nos impele a amarnos los unos a los otros, a pesar de los pesares y de vivir malos tiempos para la lirica.
Fernando Navarro
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